Quién es
Joanne Rowling nació el 31 de julio de 1965 en Yate, Inglaterra. No tiene segundo nombre: la «K» de su firma la tomó de su abuela paterna, Kathleen, porque su editorial pensó que un libro de magos escrito por una mujer vendería menos entre los niños. Estudió francés y filología clásica en la Universidad de Exeter y trabajó en Londres como investigadora para Amnistía Internacional, entre otros empleos de oficina que ella misma ha descrito como mediocres.
En 1990, en un tren retrasado entre Mánchester y Londres, se le apareció completa la idea de un niño mago que no sabe que lo es. No llevaba bolígrafo encima y pasó el resto del viaje pensándola. Esa noche empezó a escribir Harry Potter y la piedra filosofal.
Los siete años entre la idea y el libro
Lo que pasó entre la idea (1990) y la publicación (1997) es la parte que importa, en orden:
- Diciembre de 1990: muere su madre, Anne, de esclerosis múltiple, a los 45 años. Rowling tenía 25. La muerte dejó una huella directa en el libro: el dolor de Harry por sus padres se volvió mucho más profundo después de ese diciembre, según ha contado ella.
- 1991–1993: se muda a Portugal a dar clases de inglés. Se casa con el periodista Jorge Arantes en 1992 y nace su hija Jessica en 1993. El matrimonio termina ese mismo año.
- Diciembre de 1993: regresa a Reino Unido con su hija y tres capítulos del libro en la maleta. Se instala en Edimburgo, cerca de su hermana, y vive de la asistencia social. Ella lo ha descrito así: «tan pobre como se puede ser en el Reino Unido sin dormir en la calle».
- 1994–1995: termina el manuscrito escribiendo en cafés —Nicholson's y The Elephant House, entre otros— mientras su hija dormía en el cochecito. En esos años pasó por una depresión clínica, que después describió abiertamente y que inspiró a los dementores, las criaturas que drenan la alegría.
- 1995–1996: el manuscrito es rechazado por una docena de editoriales, según su propio recuento. El primer agente al que se lo mandó también lo devolvió.
- 1996: Bloomsbury lo acepta. La versión documentada: el presidente de la editorial le dio el primer capítulo a su hija de ocho años, Alice, y la niña pidió el resto. Ese mismo año Rowling recibe una beca del Scottish Arts Council de 8,000 libras para seguir escribiendo.
- 26 de junio de 1997: se publica con una tirada inicial de 500 ejemplares, la mayoría para bibliotecas.
Lo que el cuento se inventa
«Lo escribió en servilletas porque no podía comprar papel.» Falso, y lo ha desmentido ella misma: escribía con bolígrafo en libretas. Pobreza no significaba no tener papel, y el detalle de las servilletas es un adorno que la leyenda añadió después para hacerla más dramática.
«Era una indigente.» Exagerado. Era una madre soltera con asistencia social en un país con Estado de bienestar: pobreza real y severa, pero con un techo y un sistema que la sostenía apenas lo suficiente. La diferencia importa porque ella misma ha insistido en ella: defiende ese sistema públicamente precisamente porque la sostuvo.
«El éxito fue un rayo.» Los números dicen otra cosa. Entre la idea y la publicación pasaron siete años. Y el despegue tampoco fue instantáneo: la primera edición fue minúscula, y el salto vino cuando la editorial estadounidense Scholastic compró los derechos por 105,000 dólares en 1997, récord entonces para una primera novela infantil. El fenómeno global tardó un par de años más en encenderse.
Lo que yo haría
Suma los siete años cada vez que te cuenten el rayo
La versión del tren de 1990 —la idea que llega completa— es la que se cuenta porque dura un minuto. Yo me quedaría con la aritmética incómoda: entre ese tren y la librería pasaron siete años que incluyeron un duelo, un divorcio, la asistencia social, una depresión y doce rechazos — y el manuscrito avanzó a través de todo eso, no gracias a ello. Cada vez que una historia de éxito te llegue en formato rayo, pregunta cuántos años recortó el montaje. La respuesta casi siempre es «los siete que a ti te faltan por caminar».
El fracaso como suelo, no como techo
En 2008 Rowling dio el discurso de graduación de Harvard y eligió hablar, de todas las cosas, de los «beneficios colaterales del fracaso». Su argumento: cuando en 1993 perdió el matrimonio, el trabajo y la estabilidad, se quedó «sin nada más que perder» y eso le quitó el miedo a intentar lo único que de verdad quería hacer. No es una celebración del fracaso —ella es explícita en que fracasar no es divertido ni edificante por sí solo—, sino una observación más útil: el fondo, cuando llega, también puede funcionar como suelo firme desde el que empujar. Lo mismo trabajamos en las reflexiones sobre el fracaso.
Lo que vino después, en números
La saga terminó en 2007 con Las reliquias de la muerte, que vendió 15 millones de ejemplares en sus primeras 24 horas y sigue siendo el libro de ficción que más rápido se ha vendido en la historia. La serie completa supera los 600 millones de ejemplares y está traducida a más de 80 idiomas.
Dos decisiones posteriores dicen más de ella que las cifras. La primera: Forbes la sacó de su lista de milmillonarios en 2012 y la explicación documentada no fue un mal negocio, sino la combinación de impuestos británicos y unos 160 millones de dólares donados —entre ellos a su fundación Lumos, que trabaja para que los niños no crezcan en instituciones. La segunda: en 2013 publicó una novela negra bajo el seudónimo Robert Galbraith, sin su nombre en la portada, para saber si la escritura se sostenía sola. El libro recibió buenas críticas y ventas modestas hasta que se filtró la autoría; entonces, claro, se disparó. Ella cuenta ese experimento como una de las cosas más liberadoras que ha hecho.
Lo que se puede usar, sin varita
- La idea no vale nada sin los siete años. Todo el mundo tiene «una idea en un tren». Lo raro es escribirla durante siete años con un bebé, un duelo y una depresión encima. Es el mismo patrón de los casos de disciplina documentados.
- El rechazo es información de canal, no de valor. Doce editoriales dijeron que no y todas se equivocaron de la misma manera: evaluaban el mercado que conocían, no el libro. Cuando te rechazan, la pregunta útil es «¿qué evaluaron exactamente?» — como en las historias de escritores rechazados que terminaron publicando.
- Firmar con otro nombre es un buen test. Si tu trabajo solo funciona con tu marca encima, no sabes qué parte es oficio y qué parte es nombre. Ella se lo preguntó siendo la escritora más vendida del mundo.
Preguntas frecuentes
¿Quién es J. K. Rowling?
Escritora británica (Yate, Inglaterra, 1965), autora de la saga Harry Potter. La idea se le ocurrió en un tren en 1990; escribió el primer libro en Edimburgo como madre soltera con asistencia social y lo publicó Bloomsbury en 1997 tras una docena de rechazos.
¿Cuántas editoriales rechazaron Harry Potter?
Una docena, según ha contado la propia Rowling. Bloomsbury aceptó el manuscrito en 1996 en parte porque la hija de ocho años de su presidente leyó el primer capítulo y pidió el siguiente. La primera edición fue de solo 500 ejemplares.
¿Escribió el libro en servilletas porque no tenía papel?
No. Ella misma lo ha desmentido: escribía con bolígrafo y libretas, que no son un lujo. Lo de las servilletas es un adorno posterior de la leyenda.
¿Era indigente cuando escribía?
No exactamente. Vivía en Edimburgo con asistencia social y ha dicho que era «tan pobre como se puede ser en el Reino Unido sin dormir en la calle». Pobreza severa y documentada; la versión de que escribía en la calle o en un coche es exagerada.
¿Sigue siendo multimillonaria?
Forbes la sacó de su lista de milmillonarios en 2012, atribuyéndolo a sus altos impuestos en Reino Unido y a unos 160 millones de dólares donados a causas benéficas. Desde entonces ha ido y vuelto según las estimaciones de cada año.