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Dinero, carrera y emprendimiento

Cómo prepararte para una entrevista

No memorices respuestas. Prepara cuatro historias y sabrás contestar casi cualquier cosa que te pregunten.

Lectura · 9 min Guía práctica

Prepara tres o cuatro historias concretas de cosas que hiciste, no respuestas a preguntas. Cada historia con tres partes: cuál era la situación, qué hiciste , y qué resultado tuvo. Con eso cubres la mayoría de lo que te van a preguntar, porque casi todas las preguntas son la misma pidiendo un ejemplo.

Memorizar respuestas modelo funciona peor por dos motivos: se nota —suena a recitado— y en cuanto la pregunta viene formulada distinta te quedas sin nada. Una historia, en cambio, se adapta: la misma sirve para "háblame de un reto", "un conflicto con un compañero" o "algo de lo que estés orgulloso".

Las cuatro historias que necesitas

Elígelas de tu experiencia real, aunque sea corta:

  • Algo que sacaste adelante. Un proyecto, una entrega, un cambio. Con números si los tienes.
  • Un problema que resolviste. Sobre todo si al principio no sabías cómo.
  • Un conflicto con alguien. Cómo lo manejaste, no quién tenía razón.
  • Algo que salió mal. Con lo que cambiaste después. Esta es la que casi nadie prepara y la que más distingue.

Regla de oro al contarlas: di "yo" y no "nosotros". Es la queja más repetida de quien entrevista — la persona cuenta un logro de equipo y nadie llega a saber qué hizo ella. No es arrogancia: es la información que están pidiendo.

Y que sean cortas: entre uno y dos minutos. Si tarda cinco, se pierde el hilo y contigo el interés.

Las preguntas incómodas

"¿Cuál es tu mayor defecto?" Uno real, con lo que estás haciendo al respecto. "Soy perfeccionista" está tan gastado que solo señala que no quieres contestar. Un defecto verdadero con un plan concreto transmite exactamente lo que la pregunta busca: si te conoces y si aprendes.

"¿Por qué dejaste el trabajo anterior?" Sin criticar a nadie, y sin inventar. Aunque saliste mal, se puede decir en positivo: buscabas otra cosa, el proyecto se acabó, querías crecer en una dirección. Hablar mal de un jefe anterior es la forma más rápida de que piensen que hablarás igual de ellos.

El hueco en el currículum. Dilo con naturalidad y sin disculparte de más. Estuve al cuidado de alguien, me tomé un tiempo, estuve buscando. La gente entiende los huecos; lo que genera dudas es la incomodidad al explicarlos.

"¿Dónde te ves en cinco años?" No hace falta un plan de vida. Basta con una dirección coherente con el puesto: qué quieres aprender a hacer bien.

Ponlo en práctica hoy · 5 minutos

Coge una hoja y escribe una sola historia: la de algo que sacaste adelante.

Tres líneas: cuál era la situación, qué hiciste tú, qué resultado tuvo. Nada más.

Después dila en voz alta cronometrada. Si pasas de dos minutos, córtala. Ese ejercicio —decirla en voz alta, no leerla— es el que de verdad la deja lista, porque en la entrevista vas a hablar, no a leer.

Qué investigar de la empresa

No hace falta estudiarse la web entera. Con veinte minutos bien usados basta:

A qué se dedican exactamente y quiénes son sus clientes. Qué dice la oferta que vas a tener que hacer —léela otra vez el día antes, con calma—. Algo reciente: una noticia, un producto nuevo, un cambio. Y si puedes, quién te va a entrevistar y qué papel tiene.

Ese detalle reciente vale mucho, porque permite hacer una pregunta específica al final. Es la diferencia entre alguien que mandó cien solicitudes iguales y alguien que quiere ese puesto.

El tema del sueldo

Si te preguntan directamente, contesta — evadirlo tres veces genera más problema del que evita. Pero contesta con un rango informado, no con una cifra suelta.

Antes de la entrevista, averigua qué se paga por ese puesto en tu zona: portales de empleo, gente del sector, grupos profesionales. Sin ese dato vas a improvisar, y quien improvisa suele decir un número bajo por miedo a quedarse fuera. Ese número bajo no se puede deshacer después: fija el techo de toda la negociación.

Si puedes elegir, es mejor que la cifra la digan ellos primero. Una fórmula que funciona sin sonar evasiva: preguntar qué rango tienen contemplado para el puesto. Y si insisten en que hables tú, da el rango y añade que depende del conjunto de las condiciones.

Si el puesto es el que ya tienes y lo que buscas es cobrar más, eso es otra conversación distinta: está en cómo pedir un aumento.

Las preguntas que haces tú

Decir "no, ninguna" es la peor respuesta posible. Se lee como falta de interés y además desperdicias lo único que te sirve a ti: averiguar si ese sitio te conviene.

Preguntas que funcionan porque van al trabajo real:

  • ¿Cómo sería una semana normal en este puesto?
  • ¿Qué haría que dentro de seis meses dijeran que esta contratación salió bien?
  • ¿Por qué está vacante la posición?
  • ¿Qué es lo más difícil de trabajar aquí?

Las dos últimas dan mucha información, y cómo reaccionan a ellas dice tanto como lo que responden.

Si es por videollamada

Ya es el formato más común en primeras rondas y tiene reglas propias que no son obvias.

Prueba el enlace y el micrófono el día antes, no diez minutos antes. La mitad de los problemas técnicos aparecen la primera vez que abres esa plataforma concreta, y empezar pidiendo disculpas por el audio te quita los primeros minutos, que son los que más pesan.

Mira a la cámara al hablar, no a la pantalla. Es incómodo y es lo que produce la sensación de contacto visual al otro lado. Un truco: sube la ventana de la videollamada hasta que quede justo debajo de la cámara.

La luz delante, no detrás. Una ventana a tu espalda te convierte en una silueta. Si solo puedes controlar una cosa del montaje, controla esta.

Y una ventaja que conviene aprovechar: puedes tener tus notas fuera de cámara. Las cuatro historias en un papel pegado junto a la pantalla, en titulares — no párrafos, que se nota cuando alguien lee. Solo para no quedarte en blanco.

Los nervios

La mayor parte del nervio no viene de la entrevista: viene del miedo a quedarte en blanco. Por eso la preparación concreta —las historias listas, dichas en voz alta— quita más nervio que cualquier técnica de relajación.

Para lo que quede, el cuerpo: unos minutos de respiración con la exhalación más larga que la inhalación antes de entrar bajan la activación lo suficiente para pensar con claridad. Tienes el temporizador de respiración.

Y una cosa que ayuda más de lo que parece: tú también estás evaluando. Una entrevista no es un examen que apruebas o suspendes; es una conversación para ver si encajáis los dos. Entrar con esa postura cambia el tono, y se nota.

Si lo que pesa de fondo es el miedo a que te descarten, está tratado en miedo al rechazo. Y si sientes que no mereces el puesto aunque cumplas los requisitos, eso tiene nombre: síndrome del impostor.

Preguntas frecuentes

¿Qué hay que preparar de verdad?

Tres o cuatro historias concretas con situación, qué hiciste tú y resultado. Memorizar respuestas modelo se nota y falla si la pregunta viene distinta.

¿Qué contesto a "tu mayor defecto"?

Uno real, con lo que estás haciendo al respecto. "Soy perfeccionista" está tan gastado que solo señala que no quieres contestar.

¿Debo decir cuánto quiero ganar?

Si te lo preguntan, sí: un rango informado, no una cifra suelta. Un número bajo fija el techo de la negociación y no se deshace.

¿Qué pregunto yo al final?

Sobre el trabajo real: cómo es una semana normal, qué haría que la contratación se considerara un acierto, por qué está vacante. No preguntar nada es la peor opción.

¿Cómo controlo los nervios?

Preparación concreta —el miedo real es quedarte en blanco— y respiración con exhalación larga antes de entrar.

Siguiente paso

Cuatro historias listas. Eso es la preparación entera.