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Motivación e inspiración

Epicteto: quién fue y qué enseñaba

Nació esclavo, era cojo y no escribió una sola línea. Aun así, de los tres estoicos que se leen hoy, el suyo es el único libro que se escribió para usarse.

Lectura · 8 min Guía práctica Por Sergio Brito Vázquez
Una lámpara de barro encendida en la oscuridad, con su reflejo en la mesa

La respuesta corta

Filósofo estoico nacido esclavo hacia el año 50 d.C. No escribió nada: lo que tenemos son apuntes de un alumno. Su aportación central es la dicotomía del control, separar lo que depende de ti de lo que no.

De los tres estoicos que sobreviven, Marco Aurelio fue emperador, Séneca fue millonario y Epicteto fue propiedad de otro hombre. Es el único que habla desde abajo, y se nota: no consuela, ordena. Sus clases son secas, incómodas y a veces bruscas, y por eso llevan diecinueve siglos aguantando.

De esclavo a maestro

Nació hacia el año 50 d.C. en Hierápolis, en la región de Frigia —hoy Pamukkale, en Turquía—. No sabemos su nombre de nacimiento. «Epicteto» viene del griego epíktetos, que significa «adquirido»: no es un nombre, es lo que se le pone a una pertenencia.

Fue propiedad de Epafrodito, un liberto que trabajaba en la casa de Nerón. Siendo todavía esclavo estudió con Musonio Rufo, uno de los estoicos más serios de su época, y quedó libre en algún momento después de la muerte de Nerón, en el año 68.

Enseñó en Roma hasta que el emperador Domiciano expulsó a los filósofos de Italia, hacia el año 93. Se marchó a Nicópolis, en la costa occidental de Grecia, y allí montó una escuela que terminó siendo un destino: gente con dinero y con cargos cruzaba el mar para escuchar a un hombre que no tenía nada. Murió hacia el año 135.

Era cojo. La versión famosa —que su amo le rompió la pierna y él avisó tranquilamente de que se iba a romper— es tardía y no está confirmada; otras fuentes antiguas lo atribuyen a una enfermedad. Es una anécdota buenísima y probablemente falsa, que es una combinación bastante común en este terreno.

Él no escribió una sola línea

Todo lo que se cita de Epicteto lo escribió otro. Su alumno Arriano de Nicomedia —que luego fue senador, cónsul y gobernador, y escribió la historia de las campañas de Alejandro— tomó notas de las clases y las publicó.

De ahí salen dos libros. Los Discursos, que eran ocho tomos y de los que sobreviven cuatro: clases enteras, con preguntas de los alumnos y respuestas cortantes. Y el Enquiridión, un resumen de bolsillo. La palabra significa literalmente «lo que se tiene a mano», y ese era el encargo: no un tratado para estudiar, sino cincuenta y tres apartados breves para consultar el día que se te tuerce algo.

Conviene saberlo antes de citarlo. Lo que lees no es prosa cuidada de un autor: es alguien hablando en voz alta ante un grupo, con el tono de quien lleva media hora repitiendo lo mismo.

Las tres ideas que siguen sirviendo

1. Unas cosas dependen de ti y otras no. Es la primera frase del Enquiridión y es su aportación entera. De tu lado: lo que opinas, lo que quieres, lo que rechazas, lo que haces. Del otro: tu cuerpo, tu reputación, tu cargo, lo que decidan los demás. Confundir las dos listas es, según él, la única fuente real de desdicha. El sistema completo, con el método para aplicarlo, está en estoicismo para principiantes.

2. No te altera lo que pasa, sino lo que te dices sobre lo que pasa. Su ejemplo es duro a propósito: la muerte no es terrible, porque a Sócrates no se lo pareció; lo terrible es el juicio de que la muerte es terrible. Diecinueve siglos después, los fundadores de la terapia cognitiva lo citaron como antecedente directo — y la versión con método está en pensamientos automáticos.

3. No anuncies lo que has aprendido: que se note. Su imagen es de granja: las ovejas no le vomitan la hierba al pastor para demostrarle cuánto han comido, la digieren y producen lana y leche. Traducido a hoy: nadie tiene que enterarse de que estás trabajando en ti. Si funciona, se ve.

Ponlo en práctica hoy · 5 minutos

Epicteto tenía un ejercicio para antes de salir de casa, y el ejemplo que usaba eran los baños públicos: recuérdate qué pasa siempre ahí. Hay quien salpica, quien empuja, quien te quita el sitio. Si lo tienes presente y ocurre, ocurre lo que ya sabías; si no, además del empujón te llevas la indignación.

Tu versión, dos líneas para mañana:

1. Elige un trayecto, una reunión o una comida familiar concreta. Escribe en una línea qué suele salir mal ahí.
2. Escribe en otra qué vas a hacer cuando pase.

La regla que lo hace funcionar: la segunda línea tiene que ser una acción tuya. Si escribes «que no me hable así», no has hecho el ejercicio — has escrito un deseo sobre otra persona, que es justo la lista que no controlas.

Cómo vivía, que es parte del argumento

Vivía con lo mínimo, y no como pose: una casa sin apenas muebles, una estera, una lámpara. Se cuenta que le robaron una lámpara de hierro y la reemplazó por una de barro; el ladrón se llevó la lámpara, dijo, y él se quedó con no haberse alterado. Después de su muerte hubo un coleccionista que pagó una fortuna por esa lámpara de barro, lo cual es un chiste que él habría contado mejor.

Y una cosa que no cuadra con la caricatura del estoico frío: ya viejo adoptó a un niño que iba a ser abandonado y llevó a una mujer a la casa para poder criarlo. El hombre que enseñaba a no apegarse a nada acabó cambiando su vida entera por un crío que no era suyo.

Lo que su estoicismo no es

Su frase más famosa —«no pidas que las cosas ocurran como quieres; quiere que ocurran como ocurren»— se usa hoy para justificar aguantar cualquier cosa. En sus clases no significa eso.

Epicteto no dice que la injusticia dé igual: dice que tu respuesta a ella es lo único que está garantizado en tus manos, y que gastarse entero en lo demás es tirar la munición. Es una posición para actuar mejor, no para no actuar. Lo que sí le sobra, visto desde hoy, es la insistencia en no lamentarse nunca; hay pérdidas ante las que ese consejo es inútil, y el duelo es una de ellas.

Cuidado con lo que se le atribuye

Circulan como suyas decenas de frases que no aparecen en ningún texto antiguo, y otras reales recortadas hasta decir lo contrario. Si una cita no viene con el libro y el apartado detrás, lo más probable es que sea de internet. Los Discursos y el Enquiridión están numerados justamente para poder comprobarlo en un minuto.

Por dónde empezar a leerlo

El Enquiridión, sin duda. Son unas veinte páginas, van numeradas y no hay que leerlas en orden. Es el libro estoico más corto que existe y el más fácil de convertir en costumbre: uno o dos apartados al día, no más.

Los Discursos, después y con calma. Ahí está el mismo material pero vivo, con las objeciones de los alumnos y las respuestas ásperas de un profesor que claramente perdía la paciencia. Son mejores que el resumen, pero cuestan más.

Lo que yo haría

Un apartado al día, sin subrayar

Empezar por el Enquiridión y leer un apartado por la mañana durante un mes, sin subrayar y sin buscar la frase que compartir. Si al terminar quedan dos o tres apartados a los que vuelves solo, ese es tu material — el resto puedes olvidarlo sin remordimiento.

Y una selección de frases estoicas que sí están respaldadas por el texto, con su origen, está en frases estoicas.

Epicteto, Séneca o Marco Aurelio

Los tres dicen casi lo mismo, y sin embargo no sirven para lo mismo:

  • Epicteto es un profesor. Te corrige. Empieza por él si lo que quieres son instrucciones.
  • Séneca es un escritor. Te convence. Empieza por él si lo que quieres son argumentos.
  • Marco Aurelio es un cuaderno privado. Te acompaña. Empieza por él si lo que quieres es no sentirte solo.

Un detalle que los une: Marco Aurelio nunca conoció a Epicteto, pero leyó sus apuntes porque un maestro suyo se los prestó, y lo agradece por su nombre en la primera página de las Meditaciones. El emperador estudiando al esclavo.

Preguntas frecuentes

¿Quién fue Epicteto?

Un filósofo estoico nacido esclavo hacia el año 50 d.C. en Hierápolis, en la actual Turquía. Estudió filosofía siendo todavía esclavo, quedó libre tras la muerte de Nerón y fundó una escuela en Nicópolis, en Grecia, donde enseñó hasta su muerte hacia el año 135.

¿Epicteto escribió algún libro?

Ninguno. Todo lo que se conserva son apuntes de sus clases tomados por su alumno Arriano de Nicomedia: los «Discursos», de los que sobreviven cuatro de ocho tomos, y el «Enquiridión», un resumen breve pensado para consultarse.

¿Qué es la dicotomía del control?

La idea con la que abre el «Enquiridión»: unas cosas dependen de ti —lo que opinas, lo que quieres, lo que haces— y otras no —tu cuerpo, tu reputación, lo que deciden los demás—. Según Epicteto, casi todo el sufrimiento evitable viene de tratar como propio algo que está en la segunda lista.

¿Por dónde empezar a leer a Epicteto?

Por el «Enquiridión»: son unas veinte páginas, está numerado en apartados breves y no hace falta leerlo en orden. Un apartado al día durante un mes rinde más que leerlo entero de una sentada. Los «Discursos» conviene dejarlos para después.

¿Es verdad que su amo le rompió la pierna?

Es la anécdota más repetida y no está confirmada. Aparece en fuentes bastante posteriores a su muerte, mientras que otras atribuyen su cojera a una enfermedad. Que fuera cojo sí es seguro; el motivo, no.

Siguiente paso

Dos líneas para mañana. La segunda es la que tienes en la mano.